EL VIEJO BAÚL Y LA HISTORIA QUE ESCONDÍA

Los que me conocéis un poco y habéis asistido a alguna de mis presentaciones o a alguna de esas conversaciones en las que se cruza la literatura y el proceso creativo, sabréis que una de mis frases favoritas es:

–Todo está aquí –y sonrío, al tiempo que señalo mi cabeza.

Entre médicos propios y ajenos, hospitales, va y viene y ajetreo, el pasado fin de semana pude hacer un paréntesis y disfrutar de la compañía familiar, del clima y del paisaje de un pueblo considerado el más bonito de Huesca, y no seré yo quien le quite la razón, porque bonito es un rato. Alquézar.

El caso es que, sin esperarlo y paseando por sus calles de piedra y olor a chimenea, tropezamos con un comercio de antigüedades en el que nos atendió más que amablemente el propietario. Dimos una vuelta entre cacharros, aperos, monedas, portones y un sinfín de cosas. Hicimos algunas preguntas, asentimos a sus respuestas y me enamoré de un baúl, por hacer el cuento corto. Un arcón que supe que iba a ser mío desde el primer momento. Viejo, como todo lo que allí había, de más de cincuenta años, sucio, deteriorado, y enigmático.

¿Nunca os habéis hecho una pregunta retórica en ese instante en el que vuestra imaginación, hambrienta de trabajar libre, se deja llevar hilvanando inventadas? Pues eso es lo que me pasó. Los que escribimos tenemos estas cosas, al menos una servidora.

Y no solo el detalle de ver más allá de la raída capa de piel que cubre la superficie, desde la que todavía se distinguen rodales de pelo de cabra; de las chinchetas oxidadas sujetando una cinta que algún día fue naranja; del ajado forro de papel que en el pasado cubrió su interior para guardar quién sabe qué. No. No fue solamente eso. Lo que traspasó aquel primer enamoramiento extraño, entre algunas telarañas y años atrasados, tiene que ver con la novela en curso, la que ahora bulle en mi cabeza cada día, en la que ya estoy tramando su punto más álgido. Tiene que ver con las historias que nos contó el anticuario y restaurador sobre cómo llegaban hasta allí algunos de los artículos que se exponen para su venta y renovación. SÍ. ¿No os parece? ¿Qué esconderá ese baúl entre sus carcomidas lamas de madera vieja?

Qué emoción, me dan escalofríos solo con pensarlo.

Aquel hombre, Paco, nos brindó una buena dosis de cortesía, un rato de charla, rodeados de objetos con historias pretéritas en busca de una segunda vida, o quizás una tercera…sin saber que cada una de las respuestas a mis preguntas daba el sentido que andaba buscando a una de las tramas que estoy desarrollando entre mis personajes actuales; esos que ya me han invitado a entrar en sus vidas, para contármela.

Todo está aquí, todo está en nuestra cabeza, fuente de almacenamiento, y solo hace falta que se cruce en el camino con la pluma, el teclado y ese momento de inspiración que te encuentra trabajando.

Pepa Fraile 2017©

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Pepa Fraile

Sobre nosotros Pepa Fraile

Soy Pepa Fraile. Me gusta la gente, mis hijas, mi marido, la tortilla de patatas, la paella, el melón, los melocotones, un buen vino, una buena charla, el sol, el mar, escribir, viajar, respirar hondo y poder sonreír. Me gusta la vida y la gente de cara. Me gusta la vida. Después de casi medio siglo...esta es la mía.

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