EL INGENIERO QUE NO SABÍA BAILAR

Terminé de leer hace unos días la novela El Ingeniero que no sabía bailar y, como casi siempre procuro hacer con mis lecturas, las dejo reposar para que las sensaciones puedan llegar más espontáneas. Círculo de vida, dureza, realidad y esperanza.  Así definiría la ópera prima de Jesús Álvarez.

 

SINOPSIS

Álvaro, un ingeniero de 50 años, ex jugador universitario de baloncesto, casado y sin hijos, pierde su empleo como jefe de calidad de una importante fábrica de automoción, al principio de la crisis. A partir de ese momento una serie de acontecimientos extraordinarios le conducirán en menos de tres años a la indigencia económica y a un comedor social de la Orden de San Juan de Dios.Allí conocerá a Laura, una trabajadora de la Orden que trata de ayudar a personas que lo han perdido todo, y se reencontrará con Pablo, un brillante informático al que el alcohol arruinó su prometedora carrera laboral y que vive en la calle con un grupo de mendigos que sufren el odio y la violenta persecución de un grupo de adolescentes.

MI OPINIÓN

Una historia de caídas y renacimientos, de amor y desamor vital, de amistades inesperadas, de segundas oportunidades, que transcurre en pleno centro de Sevilla.

 

El círculo de vida en el que todo llega; en el que todo pasa y todo vuelve; en el que el narrador, en tercera persona, se acerca en ocasiones al lector, y se aleja en otras de una historia tan actual, que podría ser la de cualquiera de nosotros, dejando por el camino un reguero de sensaciones contrarias frente a la historia que nos cuenta.  Fría y hasta distante por momentos, tierna en otros, desdibuja los sentimientos que han quedado enterrados entre las luces y las sombras de las vidas pasadas y futuro incierto de sus protagonistas. Antihéroes, personas comunes y excepcionales que aparecen ofreciéndonos algunas pinceladas de humanidad que tan necesarias resultan y tan alto precio parecen tener en ocasiones.

Dureza y realidad. La de una sociedad que se empeña en esconder todavía algunas miserias que conviven con el ser humano, su naturaleza y su esencia, mostrando los dientes para sonreír algunas mentiras o para llorar el dolor que lleva dentro.

La esperanza que se alimenta de las migas que otros dejaron a su paso, convirtiéndolas, de nuevo, en el pan de cada día.

Una novela agradable, con gancho, que describe parajes y costumbres de mi querida Sevilla, una ciudad que llevo en el corazón.

Felicito a Jesús por su trabajo y lo animo efusivamente a continuar en el complejo y maravilloso mundo de las letras.

Pepa Fraile © 2017

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Pepa Fraile

Sobre nosotros Pepa Fraile

Soy Pepa Fraile. Me gusta la gente, mis hijas, mi marido, la tortilla de patatas, la paella, el melón, los melocotones, un buen vino, una buena charla, el sol, el mar, escribir, viajar, respirar hondo y poder sonreír. Me gusta la vida y la gente de cara. Me gusta la vida. Después de casi medio siglo...esta es la mía.

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