¿CÓMO Y CUÁNDO SURGEN LAS IDEAS?

Las ideas siempre están ahí… solo hay que escucharlas…

Llevaba varios días sin descansar, algo nerviosa, inquieta, habiendo hecho todos los giros habidos y por haber en el colchón, habiendo contado varias horas en la noche en las que dudó si levantarme y ponerse a hacer algo de provecho.

No dormir le ponía de mal humor, como a cualquier hijo de vecino al que, inexorablemente, está a punto de tocarle el despertador y apenas ha pegado los ojos más de dos horas. Las hormonas, seguro que son las hormonas, o la presión atmosférica, o , se decía cada día de aquellos que denominaba «más bien regulares»… todas las razones eran buenas y ninguna le valía. Tenía que encontrarse bien, era casi una orden que imponía a su cuerpo.

Como cada mañana, un tanto abotargada todavía y sin ganas, se obligó a tomar el desayuno completo antes de iniciar una nueva jornada, y lo guarneció de una buena suma de pastillas que, mal que le pesaran, le ayudaban a encontrarse mejor. «Qué le vamos a hacer, a cada uno le toca lo que le toca», se dijo frotándose los ojos. La señal estaba presente, aunque se empeñara en ignorarla…

 

La camilla del centro de atención primaria era incómoda, como lo eran todas aunque ahora, con dos pastillas debajo de la lengua, todo se empezaba a ver distinto. El calor, un tanto excesivo para la época, se extendía por todo su cuerpo, en especial en la cabeza. El mismo calor, y el efecto del medicamento, lograban estabilizar la sístole y la diástole, que poco a poco volvían a su ser. Su color de cara era el habitual, dadas las circunstancias, aunque a su acompañante no se lo pareciera.

─¿Es normal que te pongas tan roja? –advirtió la que hacía de lazarillo, sonriendo tímidamente? Su cara de susto y sus intentos por disimularlo eran graciosos. Tenía unas facciones muy agradables.

─Sí, no te preocupes –respondió ella, devolviéndole una sonrisa bobalicona –estoy en la gloria, créeme. Esto se me pasará en un rato. No hay de qué preocuparse

─¿Y te ocurre muy a menudo? Esta mañana no tenías muy buena cara. Tendrías que haberte quedado en casa. Si es que somos…

 

─Tenía que terminar unas cosas. Lo único que me tumba a mí son dos décimas de fiebre. Lo demás lo capeo bastante bien… bueno, no estoy siendo muy convincente, ¿no? –soltó una carcajada.

En el box junto al que se encontraban estaba sucediendo algo terrible. Los gritos fueron la antesala de las súplicas, y el llanto de una mujer desesperaba, que aseguraba como un disco rayado que no podía más, el colofón a un episodio que podría haber terminado de cualquier manera. la enfermera, la misma que hacía unos instantes la había reprendido, ahora la consolaba sin reservas. El ambiente se había enrarecido y aunque desde la camilla todo seguía igual, ambas se miraron tratando de justificar lo injustificable.

─Pobre mujer.

─Sí, pobre. La vida es muy dura a veces, y nunca sabemos qué pasa por la cabeza de quienes vemos pasar por la calle. Todos llevamos una historia dentro…

 

─Tú ahora no pienses en nada y relájate –le advirtió muy sutilmente la compañera a la enferma–, que nos conocemos y ya estás pensando en alguna historia nueva. Por cierto, mi hermana llega a visitarnos pasado mañana, y está pletórica de alegría, aunque mis padres no tanto -gesticuló con una mueca muy singular en ella.

─¿Y eso? –preguntó la enferma sin mover un músculo de su cuerpo, como si aquella camilla se hubiera adherido a ella y ahora formara parte de su geografía corporal–, cuéntame, ¿tiene vacaciones?

─Bueno, sí, aunque en realidad no. La verdad es que se ha tomado dos días libres y le han pagado el viaje. Tiene que personarse en el Palacio Episcopal de Barcelona. El fiscal del Tribunal Eclesiástico la ha requerido para declarar. ¿No te lo he contado nunca? -rió abiertamente.

 

….En ese momento, con todas las alertas disparadas en procesador que tenemos los escritores, trabajando las veinticuatro horas del día; en ese mismo instante en el que mi presión intentaba regularse y todo era dispensable, el color de mi cara volvía a ser el de siempre y se encendió la chispa que daría lugar a la historia de El círculo de Alma.

La paciente era yo, lo confieso, y la acompañante… Shhhhhhh  (Lo que hace verdaderamente interesante a los personajes son sus secretos)

Pepa Fraile ©2017

El círculo de Alma, encuéntrala en las principales plataformas digitales y también en papel (entrega por correo postal)

http://www.pepafraile.com


 

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Pepa Fraile

Sobre nosotros Pepa Fraile

Soy Pepa Fraile. Me gusta la gente, mis hijas, mi marido, la tortilla de patatas, la paella, el melón, los melocotones, un buen vino, una buena charla, el sol, el mar, escribir, viajar, respirar hondo y poder sonreír. Me gusta la vida y la gente de cara. Me gusta la vida. Después de casi medio siglo...esta es la mía.

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